domingo, 8 de noviembre de 2009

Mente Administrativa

Los grandes ejecutivos la desarrollan para dirigir sus empresas, los gerentes de las grandes cadenas comerciales también y… ¿las amas de casa? ¡Deberíamos hacerlo!

Mente administrativa es la habilidad que se tiene para dirigir todas nuestras actividades hacia un objetivo bien definido. Es una aptitud que se adquiere al llevarla a cabo, convirtiéndola en un hábito y más que eso en una manera de vivir.

El proceso administrativo es una secuencia de pasos dirigida a través de la racional utilización de los recursos para llegar a un fin.
Para que puedas aplicar este proceso debes partir de tu realidad y tener tus objetivos bien definidos, pues de ello depende el éxito de la actividad a dirigir.


Los pasos de este proceso administrativo son:
Planear: Pensar por anticipado lo que se va a hacer. Al planear debes responder las preguntas: qué, para qué, a quién y con qué.
Organizar: Distribuir las actividades entre las personas, el tiempo y el espacio. Debes responder a las preguntas: cómo, quién, cuándo y dónde. (La planeación y la organización son las fases teóricas de este proceso y son la clave del logro óptimo de nuestros objetivos).
Ejecutar: Es llevar a la acción los planes. En este paso, como directora del hogar, debes decidir, motivar, comunicar y supervisar.
Controlar: Es la evaluación y la medición de la ejecución de los planes. Es la experiencia registrada. Esto te permitirá corregir los errores y redefinir tus objetivos, así como rescatar lo que te fue útil y repetirlo.


Desarrollar una mente administrativa e incluir en todas tus actividades el proceso administrativo, te ayudará a aprovechar al máximo los recursos que tienes a tu disposición y te hará una mujer más plena y satisfecha con tu trabajo en el hogar y sus resultados.

La mente administrativa es una aptitud que puede desarrollarse; sólo tienes que empezar a hacerlos en las diferentes áreas de tu hogar - por ejemplo, planear un menú semanal, hacer la lista de la compra y – finalmente - comprar sólo lo necesario, ahorrando así dinero, tiempo y esfuerzo.

Planear no tiene que ser una obsesión, sino un medio para detectar problemas, evitarlos y ayudarte a optimizar todos los recursos con los que cuentas.

Tu realidad debe definir tus objetivos y tu planeación debe ser flexible para que al final del día no termines frustrada al no alcanzar lo que te propusiste.

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